Las histerias de una mujer de izquierda (capítulo 14)

Antier recibí un e-mail de Teresa:

Me conecto de nuevo a internet después de un montón de tiempo y aún no veo todas aquellas cosas que tenías que decirme pero que no podías, según me dijiste, “porque dependías” de mí…. ¿Qué tengo que pensar? ¿que me mentiste?

Que si le mentí, me pregunta… Aún después de mes y medio de haber logrado velocidad de escape de su campo gravitatorio, Tere no se percata que desde que vivía en Las Palmas de Gran Canaria no deseaba tener el más mínimo contacto con ella. Además, nunca tuve la intención de decirle lo que pensaba.

Como constaté en mi entrada anterior, Teresa me recriminó que no le comenté nada sobre la película que, según ella, retrataba el drama de su vida. A eso se refería Tere en su e-mail citado arriba. En su tierra le respondí que no podía opinar debido a mi dependencia económica. Si le hubiera dicho que era impensable ser “doctor corazón” de alguien por quien sentía una repulsión infinita, podría haber ido a parar a la calle. Después de sus demandas a una compasión imposible, y de mi renuencia a confesarle mis razones, Tere se figuró que una vez independizado estaría libre de contárselo todo. La verdad es que nunca le prometí nada ¡Sólo trataba de quitármela de encima! Sus palabras “¿Qué tengo que pensar? ¿que me mentiste?” sólo reflejan sus continuas demandas y proyecciones. Y acerca de decirle la verdad, mi propósito en este blog no es lastimarla sino hablar de un caso muy concreto sobre el autoodio suicida de una mujer occidental.

Esta es la catorceava y última entrada de esta serie. Aunque tengo material para un libro sobre mis desventuras con Tere, con lo dicho basta. Temo pues que no cumpliré mi promesa de hace unas entradas, cuando escribí: “aunque me había hartado de sus locuras telefónicas, de las que hablaré en otra entrada…” Lo único que puedo decir es que esos telefonazos eran agresivas y lunáticas inquisiciones de parte de Tere: cosas similares a aquello de la bolsa de plástico con la que me exasperó unos días. No obstante, en esta última entrada hablaré de otra de las cosas que había prometido contar:

Teresa visita ¡la Casa de la Risa!

Esta sección es la más importante de mi análisis. Tiene que ver con mi hipótesis de que un odio no procesado hacia la familia abusiva se transmuta en depresión, como explico en un ensayo-reseña, o en conductas autolesivas, como explico en un capítulo de mi libro. En base a este marco teórico, el suicidio o la ideación suicida son perfectamente comprensibles. Esto último es lo que, a inicios del nuevo siglo, padecía Tere cuando la internaron al pabellón de siquiatría de un hospital público de Las Palmas. He aquí la historia:

A finales de 2002 Tere me contactó por internet. En aquel entonces yo aún no tenía página web, aunque había traducido al castellano unos artículos antisiquiátricos de Lawrence Stevens que Tere leyó. A Tere le gustó especialmente un artículo en que, siguiendo a Tom Szasz, Stevens decía que el suicidio era “un derecho civil”. Como Tere no escribe en inglés, en lugar de contactar al autor, Stevens, contactó al traductor, a mí; y a través de varios mails me reveló una interesante historia…

Tere me contó una historia que creí desde el año que la conocí hasta 2009, cuando mi estancia en su tierra natal me desengañó. Confieso que desde que nos conocimos por internet Tere estaba tan encantada con mi labor antisiquiátrica que por años pagó los costos del dominio de mi página web. El día en que me regresé a México Tere se encontraba en su departamento de Las Palmas. Tuvo la iniciativa de mostrarme el expediente del hospital siquiátrico en que estuvo internada poco antes de que me contactara en 2002. Aunque escrito en manuscritas casi ilegibles tanto de la pluma de los enfermeros como de los médicos del hospital, el expediente desmitificaba la historia que Tere había detallado tanto en sus mails de 2002, como en sus relatos de finales de 2003 cuando visitó México.

En la historia idealizada, Tere paseaba inocentemente cerca de un puente de su isla cuando la policía creyó que se iba a tirar y llamaron a la ambulancia, quienes injustamente la llevaron al hospital. Según su relato, la doctora la observó unas horas y cuando Tere protestó de que se alargaba su detención, arbitrariamente la internó. Una vez internada involuntariamente en el pabellón de siquiatría le administraron Valium, también en contra de su voluntad. La droga le produjo un terrible efecto secundario paralizándole los músculos y Tere creyó que moriría. El internamiento duraba días y días… Tan traumatizada quedó del suceso que un tiempo después de que su hermano la sacó, Tere decidió mudarse a Madrid. Aunque posee un departamento en Las Palmas (donde yo viví), Tere prefirió alquilar un caro departamento en Madrid por su obsesión de huir a toda costa de la traición sufrida en su isla natal.

Esa es la versión de Tere. Tanto me la creí que en mi página web hablé de ella, sin mencionar su nombre, como un caso típico de internamiento siquiátrico de una persona cuerda. No obstante, cuando el día de mi regreso a México Tere me confió su expediente siquiátrico, descubrí que su versión de los hechos había sido ficticia.

En los diversos documentos que Tere me mostró, lo primero que me impresionó fue el reporte del policía. El policía testimonió que, cuando encontró a Tere cerca del lugar donde una semana antes otra persona se había suicidado, Tere le respondió que estaba midiendo la altura del puente. ¡Ese pequeño detalle no me lo había contado Tere! Lo que ahora recuerdo es que incluso en su versión idealizada Tere me había dicho que le había contestado de manera muy áspera al policía cuando éste le preguntó, alarmado, adónde iba.

Y hasta ahora ato un cabo suelto… Recuérdese cómo trataba Tere a las empleadas de Las Palmas. El punto es que esta revelación más concreta sobre las conductas de Tere que observé provee una lectura muy diferente de los hechos. Sabiendo el policía que alguien se había matado una semana antes, al ver ahora a una mujer tozuda hablándole de medir la altura del puente, llamó a la ambulancia. Recuerdo que Tere misma me confesó que la razón por la que le había hablado ásperamente al policía era porque le tenía tirria a la policía desde chica, debido a la ubicuidad policial en la época franquista.

Así que Franco una vez más. Es claro que Tere proyecta sucesos de su infancia al presente, y sobre gente completamente inocente. Caracterológicamente, la policía española actual es diametralmente opuesta a la de Franco, y más aún la de Canaria. Los canarios en general, y la policía española—y la canaria en particular—, son gente amable. Debido a sus eternas retro-proyecciones franquistas, Tere no vio ninguna provocación entre su trato cortante al policía, quien sólo cumplía con su deber después del reciente incidente. Al contrario: como otras personas conflictivas que conozco, Tere proyecta sus traumas en la gente de su entorno, por más inocentes que sean. Por ejemplo, en uno de sus más provocadores mails de los que hablaba en mi entrada anterior, Tere me escribió:

¿Estás seguro de que no estás proyectando hacia el tema islámico tu rabia y sed de venganza no resuelta, por los daños recibidos en el entorno familiar de tu juventud????????

La cabeza de concreto de Tere le impide comprender que yo no proyecto nada. Describo los hechos de Europa. Eso no es proyección. El e-mail de Tere es un autorretrato proyectado hacia la gente con quien se topa. Si hay alguien cuya “rabia y sed de venganza” no está resuelta, es la de Tere. Es ella quien padece “daños recibidos en el entorno familiar”. Su correo electrónico no es la primera vez en que una persona retrata sus propias patologías en una desleal descripción de mí. Análogamente, la primera instancia de su internamiento, cuando el policía llamó a la ambulancia, había sido un suceso de carácter diametralmente opuesto a la historia que Tere me había hecho creer. Tere había proyectado afectos sobre sus experiencias en la España de Franco del siglo anterior a un evento de nuestro siglo. Veamos ahora qué sucedió después.

Según su peculiar percepción, el internamiento había sido una acción arbitraria de la doctora encargada de las admisiones. Sólo hasta que llegué a la isla me enteré de que la ideación suicida de Tere había sido algo muy real. Por boca de Tere misma me enteré que si medía la altura del puente ¡era para cerciorarse de que moriría al tirarse! Esto me lo dijo personalmente en Canaria: ni siquiera por internet. Tere quería asegurarse de la altura debido a patéticos casos de conocidas suyas que, por no tirarse desde un piso lo suficientemente alto, sobrevivieron. Pero hubo más sorpresas al leer su expediente… Una de las cosas que más me impresionó es que Tere estaba emberrinchada en que la dejaran salir de la Casa de la Risa y que solía increpar a los enfermeros con estas palabras:

“¡Puedo acabar con mi vida cuando lo desee!”

o:

“¡Puedo acabar con mi vida cuando se me dé la gana!”

Si bien no tengo conmigo el expediente, recuerdo esas frases. Al leer el testimonio del policía—que Tere quería medir la altura del puente—, o el del enfermero—que rabiaba que podía acabar con su vida—atónito le pregunté: “¿Pero les decías esas cosas?”

Cándidamente Tere me contestó en afirmativo; racionalizando su conducta como reacción legítima ante el internamiento que había sufrido. Hubo otras frases de ese tipo, pero no las recuerdo exactamente. Como Tere sólo me dejaba leer su expediente enfrente de ella, no pude anotar lo que leía. Pero sí puedo constatar que el expediente transmitía una imagen muy vívida de que Tere había hecho un numerito en el hospital: a la par de su lacrimosa rabia, reclamaba su derecho de matarse. Esa había sido la causa real de que la tuvieran encerrada, no la malevolencia de las autoridades canarias, la versión que originalmente me había engañado.

Cuando Tere me enseñó el expediente no le pasó por la cabeza que la revelación iba a transformar la idea con la que me había quedado de su caso. Tere me lo había mostrado creyendo que yo, quien por años había hecho activismo antisiquiátrico en México, me iba a solidarizar con ella. Jamás se percató que mostrármelo iba a desmitificar su antigua versión de los hechos.

Una persona en sus cabales habría guardado las apariencias; incluso una persona que se quisiera suicidar. Hay gente en sus cabales que se suicida, digamos, un Stefan Zweig. El expediente de Tere, en cambio, registraba rabieta tras rabieta en el pabellón de siquiatría, agravado por el efecto del Valium que no la dejaba respirar bien y ni siquiera “abrir el esfínter anal” al ir al baño, según Tere le confesó a Rossana Fernández en México, en tiempos en que yo hacía activismo antisiquiátrico con Rossana. Aunque Tere me dejó leer sólo una fracción del expediente, fue tan obvio su acting out que incluso llama la atención que no la hayan reprimido con drogas mucho más potentes. Como dije, los canarios que conocí eran gente bastante amable: cosa que explica que no le administrasen neurolépticos.

Por supuesto: a Tere no le dije media palabra de cómo su expediente había trastocado su antigua versión de los hechos, especialmente porque cada vez que el expediente reportaba una de las insólitas frases atribuidas a Tere, azorado le preguntaba: “¿Les dijiste eso…?” Tere continuaba asintiendo sin percatarse del efecto que tendrían en mi mente las novedosas revelaciones.

El expediente me recordó otro asunto. Cuando en 2002 leí el largo testimonio que escribió Tere, ella misma relataba que los días previos a su fatídica visita al puente estaba muy encabritada por unos litigios contra su previo empleador, los cuales habían sido largos y agónicos. Para mi sorpresa, esos litigios se mencionaban en su expediente siquiátrico. Y ahora, viendo a Tere discutir agresivamente en su isla con inocentes empleadas, conducta que repetiría puntualmente en su trato conmigo, los cabos se ataron por sí solos. Por ejemplo, Tere misma me contó que había increpado, muy molesta, a la doctora encargada de las admisiones en el siquiátrico. Aunque no se lo dije, me pareció obvio que eso resultó en un boleto directo al pabellón (“boleto” se dice “billete” en España). ¿A quién se le ocurre hablarle feo al encargado de admisiones de un pabellón siquiátrico? Sólo a alguien tan ofuscada por una crisis emocional que haga gala de provocadores actings out ¡contando sus ideaciones suicidas a los policías de la mente!

Para entender este análisis sobre Tere es útil familiarizarse con mi análisis de Andrew Solomon. Así como Solomon desplazó la rabia que sentía por su madre hacia uno de sus amigos, a quien le rompió la mandíbula, Tere hacía algo similar. Claro está que, no siendo las mujeres tan musculosas como nosotros, es más común que descarguen su rabia de manera verbal; digamos, lo que hacía Tere en las tiendas; conmigo, con el policía del puente, con la doctora encargada de admisiones y me imagino que también con sus antiguos jefes, con quienes litigaba.

En una palabra: histeria. Tere hizo la carrera de médico. Sabía perfectamente cómo funcionan las instituciones siquiátricas en su país. No tiene excusa de ignorar cómo iban a reaccionar las autoridades ante su acting out, ese “actuar afuera” sus no procesados rollos emocionales por traducirlo literalmente.

A lo largo de los diez meses en que viví en su departamento, Tere habrá estado casi un par de meses allí debido a las generosas vacaciones que le concede el hospital donde trabaja en Madrid. Cuando personalmente me contó que le pegaban sus padres de niña, le sugerí que hiciera un duelo para procesar su trauma: digamos, escribir una autobiografía como yo lo había hecho. Para Tere, eso estaba vedado. Reiteradamente me dijo que no le serviría.

Tere jamás confrontó a sus padres. Tampoco habla de sus traumas familiares con sus hermanos. Ni le recrimina nada a sus parientes. Todo se lo guarda para ella sola. Es entendible, pues, que el volcán del cólera que lleva adentro lo descargue de otra forma.

El caso Tere es típico. A mis hermanas les he regalado el bestseller de Susan Forward Padres que odian, que por cierto desde hace años se lo recomendé a Tere y que, a diferencia del libro de Bruce Bawer, este sí lo compró. Forward dice que sus clientas se gradúan en su terapia cuando le escriben una carta acusatoria al perpetrador, es decir, al padre que abusó de ellas de chicas. De la cantidad de gente que conozco que ha leído el libro de Forward—Tere incluida—, o de aquellos a quienes se los obsequié, ni uno solo ha seguido el consejo de Forward. Los temores de no tocar al progenitor inundan la mente incluso de aquellos que, como Tere, cuentan ya con medio siglo en este mundo. Y en el caso que el padre haya fallecido, como expliqué en mi ensayo sobre Solomon, Forward aconseja leer la carta vindicativa enfrente de la tumba del difunto a fin de obtener paz interior. Pero Tere no ajustó cuentas ni con su finado padre, ni con su anciana madre en forma de largas epístolas (cf. el primer libro de mi pentateuco).

La actitud de Tere es típica. Todos con quienes he intentado comunicarme me dicen que ya lo tienen superado; y que el escribir cartas acusativas, no se diga enviarlas, está fuera de lugar. Es risible que Tere me saliera con que le disgusta vehementemente escribir cuando le mencionaba la terapia de Forward, en tanto que aparentemente no le molestó escribir su psicodrama del internamiento involuntario, e incluso mostrárselo a amigas íntimas. La gente que padece malos humores crónicos en sus tratos con los otros son capaces de todo menos de dirigir su encono hacia la fuente que lo ocasionó.

Este análisis sobre Tere debe leerse conjuntamente con el mencionado análisis de Solomon para entender qué quiero decir. En mi ensayo sobre Solomon había dicho que el odio sustitutorio, es decir el que se dirige a chivos expiatorios, es infinito. En el caso Tere eso significa ni más ni menos que los malos humores y las pendencias que litiga no terminan allí. Tere necesita, además, odiar a la cultura que fue sorda ante sus alaridos de chica. Ella misma me confesó que odiaba a la sociedad por esa traición, y que cuando la internaron sus añejas memorias de maltrato físico en el hogar asaltaron su mente. Según sus propias palabras, el internamiento involuntario había sido un—:

“¡Ahora sí…!”

—se corroboraba que lo que le habían hecho de chica era realidad. Pero Tere, quien ha escrito cartas a editores de periódicos quejándose de artículos sobre siquiatría, no escribe ni pío sobre la causa infantil o sobre su propia vida, donde yace su verdadero dolor. No es de extrañar que transfiera su rabia a los símbolos de sus padres: las autoridades, como vimos en el caso del policía. Pero el policía que creyó impedir un atentado no es su padre. Ni su madre. Ni sus parientes sordos ante el drama en el hogar. Y esto del policía es ilustrativo, porque para meterse en problemas con gente tan afable como los canarios se necesita que el trato hacia los otros sea, de veras, disfuncional.

Había sido Tere misma, no el expediente, quien me confesó que cuando el policía le preguntó adónde iba, le respondió airadamente:

“¡Al puente!”

La dura respuesta detonó una reacción en cadena de parte de las fuerzas del orden. Y cada vez que, en aras de la más elemental defensa propia, Tere tuvo la oportunidad de reprimir sus malos humores no hacía sino escalar su “actuar afuera” provocando aún más a las autoridades. En el expediente también se lee que Tere lloraba amargamente en el hospital enfrente de todos, y al leerlo le pregunté a Tere si era cierto. Animosamente me dijo que, a esas alturas de su internamiento, ya estaba muy encabronada.

Análisis final

No habría escrito este pequeño análisis de no ser porque Tere odia a Occidente y anhela su destrucción. Recuérdese que me había dicho que aprobaba la inmigración mora para restarle fuerza a lo que queda de la cristiandad en su país; que todas y cada una de las familias eran nocivas, y que quería que “todo se hundiera”, refiriéndose a su sociedad.

Lo triste es que casos como el de Tere los hay por montones. Lo que me mueve a escribir esta entrada es que en el movimiento anti-yijadí no aparecen, ni por asomo, análisis psicológicos de por qué la gente de izquierda odia a su civilización. Creo que un caso tragicómico como el de Tere lo ilustra. El volcán de cólera con que Tere carga en sus adentros jamás estalla en forma de hablar sobre los agresores reales. Tere lo re-dirige a la cultura que, en su mente, simboliza su familia: la época franquista y todo lo relacionado con el conservadurismo, con la derecha, con la familia y la educación tradicional, con Estados Unidos e Israel… A gente como Tere no le importa que en otras culturas los tratos a la mujer sean mucho peores que los que recibió de niña. Eso es irrelevante. De lo único que se trata es de destruir la cultura que la crucificó. Punto.

En otra de mis entradas dije que el caso Tere ilustraba lo que Octavio Paz llamaba entrega voluntaria al mal. Tere y yo tenemos la misma edad y sufrimos en familias católicas de la misma época. Comparando las dos biografías, es patente que yo fui víctima de peores tratos familiares que los que sufrió Tere. Pero no deseo la destrucción de mi civilización, sino reconstruirla. Ante el trauma, incluso el gran trauma, aún existe la responsabilidad individual. El que alguien se dedique a hablar de los malos tratos en la infancia (como yo), o a destruir a Occidente con su voto a Zapatero (como Tere), sólo muestra que existe tal cosa como la entrega voluntaria al mal. Si las feministas de izquierda fueran buenas personas, lo primero que harían sería sentir compasión, digamos, por las niñas cuyos genitales han sido cortados a instancias de sus padres. Pero estas mujeres hacen lo opuesto: odiar a los hombres que sentimos compasión por las púberes musulmanas, como Tere me odió con sus citados e-mails.

Tere y el resto de las mujeres de izquierda persiguen una venganza inconsciente. Ya lo había dicho Nietzsche cuando notó que una pequeña mujer que persigue su venganza sería capaz de atropellar al destino mismo. Con tanta gente como Tere en España y en el resto del mundo, el destino de Occidente está en vilo. La ideación suicida de Tere, abortada por el policía y la institución siquiátrica que tanto odia, se transmuta en el suicidio de Occidente por otras personas como ella.

El policía debió haber dejado que Teresa se echara del puente…

 

César Tort, 2009

Publicado en on Octubre 30, 2009 at 7:43 pm Dejar un comentario

Las histerias de una mujer de izquierda (capítulo 13)

Los amigables mails de Tere: 

19 agosto 

¿Y por qué eludes la confrontación persona a persona? ¿Sabes cuál es el problema?: que continuamente envías mensajes contradictorios, y entonces la otra persona no sabe cómo actuar contigo. [Ya he dicho que Tere usaba su poder económico sobre mí para acosarme sobre mis posturas políticas, cuando yo quería evitar su acoso como si fuera la misma plaga.]

18 agosto

Pero tu obsesión  y el odio visceral que destilas en esos vídeos no hace sino confirmarme la idea, que ya te expuse en un email anterior, de que el tema [mi denuncia del Islam radical] no es mas que un chivo expiatorio de tus rabias y resentimientos familiares. Y me apena que al final mis esfuerzos para ayudarte a venir aquí, y para divulgar tus ideas sobre la coerción psiquiátrica, hayan acabado en la promoción de lo contrario a los valores de libertad, igualdad y solidaridad por los que siempre luché. [Ya he hablado de la grotesca falacia de Tere de identificar a la lucha contra la siquiatría opresiva con la política progre de izquierda.] 

7:49 a.m. 

Por cierto, me estaba acordando ahora de una parte de tus videos de la serie “Alice Miller”, en el que criticas amargamente a tu primo el cineasta porque no se dignó hacer ni un solo comentario sobre tu libro después que se lo dejaste. 

No sé si te diste cuenta, pero tú hiciste exactamente lo mismo cuando te recomendé ver la película con la que tanto me había identificado—y que tanto me había afectado que no fui capaz de visionarla de nuevo contigo—, titulada La vida secreta de las palabras. Tu único comentario fue un lacónico y fugaz “no está mal”, de pasada, y sólo cuando yo te cuestioné sobre el asunto, inmediatamente pasaste a hablar de temas banales con una absoluta indiferencia. 

¿Cómo puedes exigirle a otros que hagan lo que tú no haces? [Responderé a la histérica demanda, que me convirtiera en el “doctor corazón” de Tere, en mi siguiente entrada.] 

17 agosto 

Acabo de ver uno de tus videos en el que dices que te gustaría irte a USA y ¡hacerte del partido republicano! ¿CÓMO PUEDES TRAICIONARTE DE ESA MANERA A TI MISMO Y A TUS PROPIAS IDEAS? [Esta locura de Tere ya está más que respondida en mis dos últimas entradas.] Me gustaría saber qué dirían los derechistas esos de “gates of viena” [sic] de tus ideas sobre la familia tradicional… 

24 junio 

He hojeado, a saltos para variar, tu blog. ¡¡¡Qué obsesivo!!!! [en junio de 2009 la mayoría de las entradas eran sobre la islamización]. ¿No hay ningún otro tema que te interese o preocupe? Y a saltos, me llaman la atención algunas palabras. 

¿La “Reconquista”? ¡¡Como se nota que no sufriste la dictadura franquista y toda su parafernalia grandilocuente de por el imperio hacia Dios! [Una vez más, Tere reduce ad absurdum mis preocupaciones sobre la islamización del siglo XXI con una etapa de la historia de su país del siglo anterior.] 

23 de junio 

Y es una estupidez por tu parte si piensas que en los países musulmanes, en general, las únicas escuelas a las que van son las madrazas coránicas. En Marruecos, por ejemplo, tienen mucha tradición y prestigio los liceos franceses. [Así, en ese tono en que me hablaba, “estupidez de mi parte", Tere quería que yo me convirtiera en su doctor corazón...] 

17 de junio 

“…los ingenieros sociales que importan a millones de musulmanes a Europa”.

¿Pero qué disparate conspiranoico es éste?

[Tere cita lo que escribí en mi blog pero omite el contexto porque, como ella misma reconoció, sólo lo "hojeaba mi blog a saltos".]

Publicado en on Octubre 28, 2009 at 11:18 pm Dejar un comentario

Las histerias de una mujer de izquierda (capítulo 12)

EE.UU. e Israel, los malos de la película 

Una vez que me harté del acoso telefónico de Teresa, le puse el stop. Entonces continuó su persecución vía correos electrónicos. 

El encabezado de su e-mail del 26 de agosto rezaba: “pregunta directa”, y el texto decía: “¿Estás de acuerdo con el uso de la tortura cuando ésta va favor de nuestros intereses o ideología?”

Aunque me había hartado de sus locuras telefónicas (de las que hablaré en otra entrada), en mi dependencia económica me sentí obligado a responderle, y lo hice simplemente con un: “jamás”.

Nótese que a esas alturas ya le había pedido a Tere que dejara de fregar (expresión mexicana), aunque usé una palabra no tan áspera. El siguiente día Tere me respondió:

Lo preguntaba porque, al igual que ocurre cuando alguien lee mi experiencia en el hospital y no sólo no se escandaliza, sino que no dice ni mú, eso me hace pensar que lo justifica pero no se atreve a decírmelo. Cuando te di aquel artículo sobre la tortura (producir sufrimiento físico deliberado es lo que más aversión me produce del comportamiento de los seres humanos) en tiempos de Bush (creo que se titulaba “los torturadores voluntarios de Bush”) y te pregunté qué te parecía, tampoco dijiste ni mú. Y eso me hizo pensar que, no sólo no te horrorizaba, sino que lo justificabas.

Este e-mail podría parecer razonable si proviniera de una amiga o de una persona conocida por quien yo sintiera al menos alguna clase de afecto. Pero a esas alturas de la partida no quería ver a Tere ni en pintura: por lo que no prestaba ya atención alguna a lo que me dijera. Si Tere hubiera sido una persona con empatía, a la primera se habría percatado de la bomba atómica emocional que detonó en mí sus ideas sobre el 11 de septiembre; la islamización de Europa, o la inmigración en general (una vez me dijo que desde México se “había percatado que yo tenía prejuicios” raciales). Cada vez que Tere visitaba Canaria me dejaba un bonche de periódicos de extrema izquierda (le dije que, para mí, toda la prensa española era de extrema izquierda). Tere hacía eso como si yo no estuviera harto de la prensa de izquierda, o como si después de tanto conocer esa prensa en México fuera a leerla siquiera.

Antes de este intercambio, le había dicho a Tere que ella no tenía empatía. Que si la tuviera me dejaría de fregar; que no sería tan intromisiva preguntándome cosas de las que no quería hablar (cosas de mi vida personal que nada tenían que ver con la política por cierto). Como dije varias entradas atrás, Tere despachó mi análisis sobre su falta de empatía y me volteó las culpas. Aunque para agosto ya hacía meses que quería mandarla a la goma (otra expresión mexicana), continuaba el dilema de la dependencia y de no contar con los medios para mi regreso. Mi voluntad habría sido decirle estas cosas y muchas más desde que me dijo que ella gozaba los atentados del 11 de septiembre. De haber tenido dinero en mi bolsillo, sólo eso habría bastado para darme media vuelta, regresarme a América y no volverle a dirigirle la palabra jamás. Pero sin duro en el bolsillo el temor de ir a dar a la calle me compelía a ser amable con ella. Así, y en contra de toda mi voluntad, tuve que contestarle su segundo e-mail con estas palabras: “No justifico la tortura. Jamás lo he hecho”.

El siguiente día me contestó a vuelta de correo: “De todas formas no dijiste nada… ni nunca te oí ningún comentario que mostrara ninguna emoción de aversión en este tema”. Eso suponía que había leído su periódico, cosa que no lo había hecho. Luego de reprobar los métodos “sucios” de Felipe González contra ETA, Tere añadió:

Sin embargo, tú apoyas públicamente al partido de Bush. Y también apoyas a un país, Israel, que ha sido el único en el mundo que ha tenido la tortura legalizada en sus leyes (al menos en eso son mas honrados que otros).

Nótese que eso sucedió un mes antes de que mi familia pudiera costear los gastos del boleto de regreso. Incluso a estas alturas Tere no parecía tener la más remota idea que desde ya hacía tiempo sentía infinita repulsión por ella; no sólo por sus ideas políticas, sino porque la hembra no podía percatarse de que su querer atornillarme ideas mediante llamadas telefónicas; recortes de periódicos de izquierda, y correos no solicitados, sólo me exasperaba más… y más … y más. 

Repito que en esta serie no deseo discutir sobre política. Es solamente un psicoanálisis sobre una mujer de izquierda. Pero sí debo decir que su acusación de las torturas de Bush o de los israelíes sólo muestra el sesgo tremebundo que padece la prensa española. Verdaderas torturas, no las humillaciones que vimos hace años en las primeras planas sobre la prisión estadounidense en Irak, suceden en aquellos países musulmanes que Tere no osa siquiera tocar (incluso en Turquía, que los locos europeos quieren integrar a Europa). Si hubiera entrado a la discusión con ella habría caído a una trampa por el simple hecho que yo sí he leído un libro contra Israel. ¡Los argumentos de los izquierdozos los conozco! El caso es que Tere habría tenido que leer el material que desmitifica en buena medida esas acusaciones a Estados Unidos e Israel para entrar a una discusión razonable conmigo. El libro de Bruce Bawer traducido al español que Tere no quiso ni abrir contiene magníficas páginas que responden a las calumnias de la prensa europea contra Estados Unidos e Israel. Y a Bawer no hay que tomarlo a la ligera: es un periodista capaz de leer media docena de idiomas, además de ser un ávido lector de las más diversas prensas de Europa, incluida la española.

Aunque yo compré su libro, Mientras Europa duerme enfrente de Tere el mismo día que llegué a Madrid, Tere no quiso comprar una copia para ella. Decía que leí el popular libro de un comunista mexicano en contra de Israel y Estados Unidos. Si Tere fuera una persona de mente abierta, habría podido tolerar leer por vez primera en su vida al Otro. A diferencia de sus e-mails, la excusa estúpida que me dio para no leer a Bawer no la puedo citar verbatim pues fue algo que me dijo personalmente. Pero la puedo parafrasear. En su casa Tere me dijo que no le veía caso leer a Bawer pues ya había leído mis capturados de unos pasajes de la trilogía de Oriana Fallaci, y que no le había hecho ninguna mella en su mente (mente de concreto, añadiría yo).

Tere no había experimentado la menor disonancia cognitiva en su vida.

Publicado en on Octubre 18, 2009 at 11:28 pm Dejar un comentario

Las histerias de una mujer de izquierda (capítulo 11)

¿Obama el bueno de la película y Bush el malo?

El 7 de julio de 2009 Teresa me envió un e-mail desde Madrid con el encabezado: ¿No te das cuenta de que estás tirando piedras sobre tu propio tejado?” Ya en el cuerpo de su texto Tere me regañó:

Después de toda la era Bush, con su apoyo a todos los aspectos (legales, educativos, etc.) de las tendencias más biologicistas y represoras de la psiquiatría, contra las que tanto lucharon los de MindFreedom y demás, cuando por fin llega al poder otro partido con unas ideas, aunque sea un poquito menos conservadoras, ¡vas tú y no haces otra cosa que denostarlo!

¡¡Me parece que estás errando el tiro!!

En mi entrada anterior decía que Tere tenía la manía de reducir todo discurso político y social a la falsa dicotomía “O progresistas buenos o franquistas malos”. Ahora quisiera hablar un poco sobre otro de sus absurdos reduccionismos: el ver “buenos” a demócratas como Obama, y “malos” a los republicanos como Bush.

En su e-mail Tere se refería a mi crítica al estúpido discurso de Obama en el Cairo. Como siempre, Tere se salta los argumentos y descalifica al Otro en base a falsas dicotomías: los buenos y los malos. No voy a entrar aquí a un análisis de por qué rechazo tanto a Obama como a Bush (en mi entrada en inglés de hoy hablo de ello). Lo que debo hace es seguir analizando la mente de Tere.

En otra de mis entradas de esta serie decía que Tere se pasó de noche la lectura del cuarto libro de mi serie, El retorno de Quetzalcóatl, pero que estaba de acuerdo con mis ideas antisiquiátricas. Pues bien: el e-mail demuestra que Tere ni siquiera leyó con atención otro de mis libros, el segundo de mi serie, Cómo asesinar el alma de tu hijo. Si hay algo que se desprende de la lectura de ese tratado es que en Estados Unidos la siquiatría ya pasó por su etapa más negra, la cual ocurrió los primeros cincuenta años del siglo XX cuando se practicaba la lobotomía, el electroshock y otras barbaridades en mucho mayor escala que hoy día.

Creo que analizar a Tere en este punto es importante. A diferencia de El retorno de Quetzalcóatl, una demolición del relativismo cultural—ideología a la que Tere se suscribe—, la versión expandida de Cómo asesinar el alma de tu hijo que leyó Tere va el línea con lo que ella cree. Pero aún así su ideología izquierda obnubila su razón. En lugar de retener en su memoria la información de Cómo asesinar, el cielo bajo el que vive Tere es tal que en su mente se formó la gratuita idea de que las presidencias demócratas en Estados Unidos son menos represivas siquiátricamente que las republicanas. ¿Por qué, sin base alguna, Tere inventa esto al culpar a la era Bush de “tendencias más biologicistas y represoras de la psiquiatría” según sus palabras? Lo más interesante del asunto es que ella misma me había dicho que acababa de salir un periódico de izquierda en España; y que ni aun allí—ni aun en la prensa de extrema izquierda—se criticaba a la siquiatría.

En una subsecuente entrada veremos un problema que Tere tuvo con la siquiatría: problema que le hizo temerle tanto a esa profesión como al mismo diablo. Por el momento basta decir que tanto por la experiencia directa que Tere tenía en su país, como por la lectura de mi voluminoso libro, tenía toda la información para percatarse de que la siquiatría es tan mala dentro de un gobierno de derecha como de izquierda; tan mala en la presidencia de Bush como en la de Obama; en la presidencia de Aznar como en la de Zapatero.

La patología de Tere y de sus correligionarios estriba, como siempre, en identificar el progreso libertario con las fuerzas de izquierda y la represión con la derecha. Eso es tan falso que incluso en los tiempos de la Unión Soviética (“de izquierda”) se usaban más las drogas siquiátricas para reprimir a la población rusa que en las naciones democráticas (“la derecha”). Siquiátricamente hablando, en la vida real, no en el mundo de fantasía en que vive Tere, los Estados Unidos bajo Obama son tan represores como en los años de la presidencia de Reagan. De hecho, a lo largo de Occidente en los últimos años ha subido, incluido Estados Unidos, el volumen de consumo de neurolépticos: precisamente las drogas que se usaban en la antigua URSS para reprimir a los disidentes políticos.

Así que ni siquiera en el tema que le interesa Tere es capaz de ver las cosas con objetividad, como podemos ver en el regañón e-mail que me envió.

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Las histerias de una mujer de izquierda (capítulo 10)

El franco-reduccionismo

Como toda mujer de izquierda, Teresa forcluye en bloque—le entra por un oído y le sale por el otro—la sustancia del argumento de quienes estamos preocupados por el suicidio de Europa. Cuando me mandó los más rabiosos e-mails debido a un video mío en YouTube, subí una entrada a mi blog en español en que capturé las palabras del moderador de un programa: 

Si por ejemplo yo les digo que para finales de siglo Europa va a ser musulmana, ustedes dirán: “Está exagerando. Eso es imposible”. Bueno: le preguntaré a nuestros contertulios porque la tendencia podría llegar a ser esa. O que Europa se muere—pero literalmente, demográficamente; que la tasa de reemplazo ya no existe. Es decir: que Europa se muere de verdad… Y España, quizá, sería el paradigma…

 Teresa no masca bien el inglés, el idioma en que se encuentra la mayor información sobre el tema. Como rechazó leer el libro de Bawer que se había traducido al castellano, enlacé el video de la cita de arriba a otro de mis blogs.

Si Tere fuera una persona razonable, habría entrado de lleno a los argumentos y datos de quienes hablaron en el video, especialmente lo que dijo Florentino Portero. ¿Qué hizo Tere? El siguiente día posteó un comentario archi-típico de su manera de pensar, transformando el discurso en su obsesión franquista.

Ya desde meses antes me había desconcertado Tere cuando le mencioné que estaba leyendo un libro, Hernán Cortés, de Salvador de Madariaga: un muy conocido intelectual español. En 1936 de Madariaga se exilió en Inglaterra ante el estallido de la Guerra Civil Española, donde se convirtió en un opositor a la dictadura franquista. Tere hizo una superficial búsqueda en Google y… ¡ya me estaba invalidando toda mi lectura del Cortés alegando que de Madariaga podía ser derechista!

Vean ustedes la manera en que razona la gente de izquierda. Primero Tere mete a un autor a una falsa categoría en base a una investigación somera y superficial. Luego, basándose en esa categoría falaz, comete, además, una falacia sobre otra falacia: pretender invalidar el estudio de de Madariaga sobre la conquista de México en tanto que el autor era “derechista”. Como dije, es tan grotesca esa manera de despachar un estudio del que Tere ni una página leyó, que no vale la pena refutarla. Volvamos al posteado de Tere en la entrada de mi blog sobre Florentino Portero. Bajo el seudónimo de Tsunami, Tere escribió: “Sólo les faltó añadir: ¡Arriba España! ¡Viva Franco! ¡Por el imperio hacia Dios!”

El franco-reduccionismo de Tere no acaba de sorprenderme, pero a lo largo del tiempo en que la traté Tere hacía constantemente ese tipo de asociaciones. El reporte del grupo Portero que Tere lo relacionó con Franco habla (1) de la islamización de Europa, y (2) del adelgazamiento demográfico de su población nativa. Dar un salto del tema rector a algo que no se discutió ni por asomo, el franquismo, habla del mundo blanco y negro en que viven Tere y muchas españolas de izquierda.

Es una forma de histeria el no poder tolerar la menor disonancia cognoscitiva ante el Otro. El mundo de esta gente es un mundo sin colores. Sin grises. Sin matices ni forma: pues verlo todo en la falsa dicotomía de “o franquista o progresista” es reducir el universo a una sola línea bidimensional.

Publicado en on at 1:19 am Dejar un comentario

Las histerias de una mujer de izquierda (capítulo 9)

La causa del odio a Occidente 

El 6 de agosto de 2009 Teresa reveló sus verdaderos colores. Se le salió que le gusta la invasión mora en España para quitarle fuerza a Roma. Que hace décadas las mujeres casadas no podían salir del país sin permiso del marido; que las mujeres no alcanzaban mayoría sino hasta los veintiún años; y que estaban a los cuarenta o cincuenta años tan traumatizadas como las moras que les practican la extirpación del clítoris: algo patentemente falso, como se colige en una entrada de mi blog en inglés sobre la disociación psicológica en el mundo musulmán. Además, Tere dijo “¡Divide y vencerás!” (a Roma). 

Era inútil discutir con ella. Era obvio que vivíamos en mundos paralelos. En Tere, su odio a la vieja España es, simplemente, una vendetta personal respecto a cómo fue tratada de niña. En mi caso, en cambio, mi preocupación por la islamización de Europa era la más elemental preservación de la propia cultura ante la invasión de una cultura más bárbara. Como es sumamente mezquino elaborar una cosmovisión que parta de una vendetta personal, los universos paralelos César/Tere nunca se tocaron: estábamos condenados a la perene discrepancia y a una descomunal hostilidad mutua.

Como para agosto aún no podía huir de ella, y como para ese mes continuaba acosándome con objeciones sobre mi postura política, le puse el ejemplo del Líbano. Le dije que Gaddafi ha dicho públicamente que los moros conquistarán Europa por los números de inmigrantes (como sucedió en el Líbano). Le dije que esa inmigración al Viejo Mundo era un Caballo de Troya. Pero entre moros y cristianos, Tere, que es española de familia cristiana, parece irle a los moros. En esa noche de discusión, dado que Tere está obsesionada con Franco y la época franquista, traté de trasmitirle la idea de que al preferir más a Stalin que a Franco, los republicanos optaban por “un remedio peor que la enfermedad”. Me respondió que no era claro: que de haber ganado la España Republicana podía haber sido como Cuba. Respondí que de Cuba los disidentes no podían salir de la isla; en cambio, de la España de Franco, sí. 

Luego Tere alegó que todas las invasiones eran iguales. Le respondí que no fue lo mismo la invasión musulmana a la India que la británica; que la invasión musulmana a la India había sido la página más sangrienta de la historia. Replicó que no es la misma época. Respondí con la invasión de Roma a Cartago y la quema de niños cartaginenses por sus mismos padres, para demostrar que se sufre más sacrificado a Baal por tus padres que derrotado por los romanos. 

Tere no pudo responderme y se fue a dormir. Pero el hecho que yo tuviera que seguir discutiendo en esa línea muestra, una vez más, que Tere no leyó mi libro; que es una mentirosa o que “lee” libros sin registrar su sustancia. El relativismo que Tere defendió había sido precisamente el blanco de ataque de mi libro El retorno de Quetzalcóatl. Tere incluso había escuchado mi argumento video-hablado del niño sacrificado por los padres en mi canal de YouTube. Pero no sólo se había pasado de noche el libro cuyo impreso le di: lo único que le había dado a leer durante mi estancia en España. También se brincó los diez minutos de mi video en YouTube.

En las mañanas yo salía a tomar un café. El café español es delicioso, y siempre pedía lo mismo, el llamado “leche y leche”: un café cortado con leche normal y con leche endulzada. La vecina con quien hablaba sobre Tere me dijo un día—: 

“¡Está apañada!” 

—cuando le dije que a Tere le encantaba la inmigración. En ese entonces aún no entendía esa expresión canaria. Tere es una persona intelectualmente sofisticada. En cambio, esta otra mujer no leía: era de lo más sencilla.

La mujer sencilla resultó tener toda la razón…

Publicado en on Octubre 17, 2009 at 1:39 am Dejar un comentario

Las histerias de una mujer de izquierda (capítulo 8)

La decadente familia de Tere 

Teresa no es hija única. Tiene dos hermanos: Jorge y José. En la isla conocí a uno de ellos, y Tere me hablaba mucho del bebé del otro. De los tres hermanos, apenas a sus cuarentas uno de ellos había procreado: un solo bebé en tiempos de mi visita. Según Tere, sólo hasta que su padre murió su hermano decidió reproducirse. Su renuencia a tener hijos había sido una venganza por los maltratos que le habían infligido de chico: no quería darle nieto alguno a su (ahora difunto) padre. 

El hermano que conocí era aún peor para la sobrevivencia de nuestra etnia. Al igual que Tere, tenía cero hijos. También conocí a su guapa esposa, una mujer güera y esbelta por cierto. Como muchos otros europeos, incluso en sus cuarentas esta pareja de niega y reniega a reproducirse. 

Si Europa va a morir es precisamente por gente como la familia de Teresa. De hecho, esa familia es un paradigma perfecto para entender no sólo la decadencia de España, sino la decadencia de Europa en general. Es más que obvio que—la verdad que tanto enfurecía a Tere—si la Unión Europea deja de tener niños, se diluirán paulatinamente hasta su desaparición. (Los advenedizos de etnias tercermundistas que emigran allá tienen proyectos muy distintos de nación. ¿No sería una máxima ironía que los moros reconquistaran España?) 

La decadencia de Europa se muestra en una comida que tuve con Tere, su hermano no reproductivo, y la anciana madre de ambos en un restaurante de Las Palmas de Gran Canaria. Este hermano tiene un buen puesto en el banco y vive en una zona privilegiada de la isla (no donde vivía yo, en la zona de La Feria: que al no contar con automóvil me parecía muy alejada de mi querido mar). Con toda naturalidad, este banquero me informó que, como hobby, se dedicaba a viajar por todo el mundo; contándome sus aventuras en diversos países, incluyendo de África. Desde los primeros días en la isla me enteré que unos amigos de Tere hacían exactamente lo mismo: en lugar de usar el dinero de sus muy bien pagadas profesiones para los hijos, tenían absolutamente cero descendientes, y en su lugar se dedicaban a viajes internacionales o a placeres inanes que no los comprometieran, en lo más mínimo, con el futuro de nuestra civilización. 

“Las naciones nacen estoicas y mueren epicúreas” escribió Will Durant sobre la Roma decadente que practicaba el infanticidio y no quería ya tener hijos. Europa yace en un epicureísmo nihilista y se dirige inexorablemente a su dilución. No obstante, a diferencia de Tere estos canarios eran gente bastante amable; mucho más amables y sanos mentalmente que los “chilangos” que a diario veo, como se les dice en México a los capitalinos. A diferencia de Tere, estos canarios no endurecen su corazón ni crujen sus dientes cuando escuchan hablar de la decadencia de Occidente. Hacen lo que hacen simplemente porque ése es el ethos que se ha puesto de moda en Europa occidental. Asimismo (y también a diferencia de Tere), sus amigos, familiares y vecinos que conocí no eran gente de ultra-izquierda. Una de sus vecinas incluso me escuchó hablar pestes de la inmigración negra y mora a las Canarias, y estuvo completamente de acuerdo conmigo.

*  *  * 

El 22 de julio de 2009 Tere entró súbitamente a mi habitación a echarme bronca. Había visto una entrada mía en otro de mis blogs en que citaba a Fjordman, un bloguero noruego en el movimiento anti-yihadí. En la sala Tere había hecho una exclamación al ver, en su laptop, mi texto en internet antes de correr a mi habitación a confrontarme. El interesado puede ver parte de la discusión debajo de esa entrada: estoy prácticamente seguro que fue Tere misma quien posteó el comentario de “David”: un sockpuppet de Tere. Como le respondí a Tere tanto en esa como en otras entradas, así como en mi blog en inglés donde Tere solía usar diversos sockpuppets, airada me replicó por e-mail: 

“¿Acudirías tú a discutir y refutar lo que yo escribiera en mis blogs o en los foros en los que yo participara si tuviera el lujo que tienes tú de tener 24 horas libres para dedicarme a ello?” 

En otras palabras: yo, quien eludía toda discusión política con Tere como si fuera la misma plaga, era acosado por Tere en cuestiones de política. No podía decirle las cosas que digo ahora en mi blog por temor a que me echara a la calle y quedara indigente. Pero si osaba responderle a sus airados sockpuppets en posteados de mis propios blogs, yo, no ella, abusaba de la situación ¡por disponer de tiempo libre! 

A una mujer que conocí en Las Palmas le conté mis desventuras con Teresa. Me dijo que Tere debía respetarme; que si la gente piensa distinto en cuestiones de política, simplemente se guardan las distancias, y que no debiéramos de cruzar la línea a la confrontación directa. 

Recuérdese que era Tere quien conocía la dirección de internet de mis blogs y de mi canal de YouTube. Sin mencionarle lo que subía a internet, era ella quien encontraba mis entradas textuales o mis más recientes videos para, a renglón seguido, echarme la bronca. Su intromisión fue tan patente que, como una mamá regañona, ¡me pidió que quitara los enlaces de mi página web antisiquiátrica a mis blogs! Me pidió eso en más de una ocasión. No le gustaba que hubiera nexo alguno entre mi activismo antisiquiátrico, cosa en que estamos de acuerdo, con mis ideas políticas. 

Obviamente no los quité. 

En una de las primeras entradas de esta serie había dicho que Tere hacía preguntas muy agresivas a las empleadas de las tiendas; que me llamó la atención ese trato desde los primeros días que descubrí cómo era ella en su isla natal (Tere no se había portado así cuando visitó México a finales de 2003, cuando la traté como colega visitante en nuestra causa antisiquiátrica). Cuando ya en Gran Canaria le dije a Tere que era intromisiva en su trato conmigo y con otros, me volteó las culpas. Para su mente resulta que yo soy un sujeto sensible que proyecto, en ella, mis añejos traumas sobre lo que mi intromisiva madre me hacía de chico. 

Con Octavio Paz sigo creyendo que las patologías de la gente de izquierda son, en el fondo, una “entrega voluntaria al mal”, un pecado de soberbia por usar lenguaje que se entienda. Debido a su soberbia, Tere no quiere ver que lo que sucede es justamente lo inverso a lo que dice: es ella, Tere, quien no tiene procesados sus traumas familiares, por lo que trata a la gente como su madre la trató de chica. Es ella quien, a diferencia de mí, se rehúsa a publicar en internet media palabra de esos traumas. Ni tampoco dice ni pío en YouTube. 

Por cierto, la frase de Fjordman que causó la ira de Tere cuando corrió a echarme la bronca en su casa es tan cierta que ya hay varios judíos en Francia que están huyendo del país. El caso es que el gobierno no los protege frente a los agresivísimos musulmanes. Ayer mismo leí una nota en Gates of Vienna: un americano fue asesinado en París hace poco por uno de esos salvajes. Pero no sólo los judíos huyen. Ámsterdam y Rotterdam ya parecen más enclaves islamistas que ciudades europeas, y la gente de raza blanca de esas tierras cada vez se diluye más y más…

Europa ya no es Europa. Cada vez se parece más a lo que Fjordman llama Eurabia. Si Tere llega a los ochenta o noventa años quizá llegue a ver, y a sufrir incluso, el hecho de que Fjordman tenía razón.

Publicado en on Octubre 15, 2009 at 7:36 pm Dejar un comentario

Las histerias de una mujer de izquierda (capítulo 7)

Diario del 30 julio de 2009:

Antier la pendeja me dijo aquí en su casa que la escoria de Occidente había conquistado Australia. Le respondí que era lo mismo que la Leyenda Negra contra España en el Nuevo Mundo. Contestó que era obvio que también a Nueva España había ido la escoria.

Vengo aquí a mi diario porque esto último revela que Teresa es: (1) o una persona muy mala, (2) o está completamente loca. Dice que leyó mi libro El retorno de Quetzalcóatl, de cabo a rabo. ¡Por Dios!: ¿qué tipo de lectura fue esa? Por su comentario se ve con una claridad extraordinaria qué significa “pasarse de noche” la “lectura” de todo un libro. ¿Qué diablos importa que el bonachón de Bernal Díaz del Castillo y compañía fueran gente sencilla de pueblo, cuando los amerindios mesoamericanos canibalizaban niños? ¡Jamás de los jamases Tere ha criticado esas prácticas, que menciono ad nauseam en mi libro, o a los caníbales australianos a pesar de que aparecen desde el Prefacio!

Increíble… Para la mente torcida de Tere, una vez que el Mal está ubicado (el Mal = Occidente), no hay dato histórico que mueva al creyente a dejar de proyectar las patologías de su infancia en el mundo. En una fea discusión sobre el Islam de hará un par de días, como siempre me porté como un corderito a fin de no poner en peligro mi regreso a México. Pero el caso es que Tere, una mujer obviamente, no ve ni un pecado—¡cero en absoluto!—en lo que los musulmanes les hacen a las mujeres, a pesar de que incontables veces le he hablado de asesinatos por honor a las chicas; de cortarles sus genitales; de pegarles ya casadas según lo estipula el Corán…

Siempre se la pasa relativizando. Ve por ejemplo esto: La última vez me enseñó un artículo de periódico que ponía a un esquizofrénico como un asesino. Como Tere sabe que en mi página web digo que la gente diagnosticada de esquizofrenia no es más peligrosa que la gente cuerda, sin base estadística aseveró que debía ser lo mismo… ¡con los musulmanes! En otras palabras: que si los periódicos sacan una nota amarilla, digamos un matrimonio forzado a una chica musulmana, es simplemente porque se busca satanizarlos. Sin acceso a estadísticas Tere se figura que los índices de criminalidad son los mismos entre los blancos y los musulmanes radicales. No hay manera de que Tere vea lo que pasa en el mundo musulmán ni siquiera al señalarle cómo tratan a las mujeres en Arabia Saudí o en Irán.

Siempre discute airada: como que le enoja mucho mi postura. Me dio un artículo sobre cómo los soldados israelíes se comportaron en Gaza recientemente. ¡Como si esos periódicos de ultra-izquierda fueran confiables! ¡Como si desde hace décadas no tuviera yo ese tipo de información hasta la cachucha!

Le he dicho mil veces que conozco la postura de izquierda. Le he dicho mil veces que la ideología de izquierda (incluido el sentimiento antiisraelí) fue mi educación tanto en la escuela como en el ambiente en que me moví en México. Mi testimonio le entra por un oído y le sale por el otro. Es ella quien no quiere leer información que la contradiga. Por ejemplo, no quiere leer el libro traducido al español sobre el Islam que tanto le recomendé: el de Bruce Bawer. A Bawer, un homosexual que huyó de Estados Unidos en busca de lo más liberal de Ámsterdam y Oslo, Tere le llama “facha” (fascista) porque señala los crímenes de los islamistas en Europa…

Teresa es el caso clínico del “enemigo adentro”, más incluso que los musulmanes, como he dicho estos días en el foro de Gates of Vienna.

Publicado en on at 2:07 am Dejar un comentario

Las histerias de una mujer de izquierda (capítulo 6)

Teresa es una mujer morruda: palabra canaria que solía usarse en el pasado pero que ahora sólo la gente mayor la usa. Significa “terca como una mula”.

El 12 de julio de 2009 Tere me hizo unas confesiones por teléfono que corroboraron de maravilla el análisis que había hecho de ella. Tere me dijo:

“A mí me da igual que la sociedad se hunda”.

Esta es una gran clave para entender a esta mujer de izquierda. Hay varios críticos que dicen, especialmente en el mundo anglosajón, que el móvil de los izquierdistas no es un magnánimo liberalismo que busca el bien de todos, sino la destrucción de las sociedades en las que viven.

 

Entrega voluntaria al mal

Al primero que leí diciendo eso fue Jean-François Revel, el célebre polemista francés, gracias a su visita a la Ciudad de México en 1990. No voy a entrar en detalle sobre política en estas entradas. Mi meta es analizar la patología de la gente de izquierda a partir de un paradigma: la canaria Teresa. Precisamente porque Tere reconoció que no había tenido, como yo en México, “una época dorada”—estas fueron sus palabras exactas: las capturaba al hablarme por teléfono—, ella no sufría “añoranza”. Y la clave que salió a luz en esa conversación es que ella siente hacia la sociedad exactamente que lo que siento hacia mi padre: traición.

Allí está la clave del porqué del odio de Tere hacia la vieja España en particular, y hacia Occidente en general. Ante la agresión parental, nadie en la sociedad española de finales de los años sesenta e inicios de los setenta del siglo XX la defendió.

A sus doce años, padre y madre le pegaron a Tere con una correa. La niña cayó al suelo (un video mío confesional en que cuento cómo me martirizaron de chico movió a Tere a contármelo por teléfono ese mismo día de julio de 2009). Tere también vio cómo le pegaban a su primo. Y cuando Tere se quería individualizar sus padres recurrieron a ese método, los golpes, por ser la mayor de sus hermanos.

Un día, en el coche de la familia, la madre de Tere la agarró de los pelos por una rebeldía suya. Durante esa llamada telefónica me confesó que se le hizo “nudo en la garganta” al recordar su pasado viendo mis videos, los cuales le removieron su propia vida.

Mis confesiones  autobiográficas pueden verse en mi canal de YouTube, especialmente en las series que titulé “Alice Miller” y “En busca del alma gemela” dentro de los noventa videos que he subido a ese canal. La pregunta que cuesta trabajo de responder es: ¿por qué yo reaccioné de manera noble ante el trauma en el hogar, mientras que otras personas reaccionan tan innoblemente, queriendo que “todo se hunda”?

Quizá la clave para entenderlo esté en las palabras de mi conciudadano, el finado Octavio Paz, quien ganó el premio Nobel el año en que Paz mismo invitó a Jean-François Revel a México. Aunque, como yo, Paz no era un creyente en el cristianismo, en la primera lectura crítica que había hecho de la gente de izquierda, me iluminó Paz al decir abiertamente que usaría lenguaje cristiano en su evaluación de los comunistas irredentos. Paz escribió, si bien recuerdo en El ogro filantrópico, que aquellos “se entregaban voluntariamente al mal”, y que esa añeja expresión cristiana explicaba admirablemente su psicología.

Además de su increíble morrudez, en las siguientes entradas veremos cómo Tere, efectivamente, se entrega al lado oscuro de la fuerza; cómo, en vez de usar el sufrimiento pasado para redimir su alma, lo usa para vengarse de la sociedad que la traicionó a través de aprobar inmigraciones tercermundistas: su deseo de que “todo se hunda”, por usar sus palabras.

Publicado en on Octubre 14, 2009 at 5:39 pm Dejar un comentario

Las histerias de una mujer de izquierda (capítulo 5)

Bloque de concreto como cabeza

Las bronca que me echó Tere a lo largo de los meses que viví en su departamento tuvo mucho que ver con mi preocupación sobre la islamización de Europa. Por más que yo le hablara de la mutilación genital de niñas; del “asesinato por honor” (en que los padres o hermanos musulmanes matan a la adolescente rebelde, ¡sí: incluso en Europa!), del asesinato de los apóstatas que abandonan el Islam, y de un sin fin de infamias más—como encuestas alarmantes sobre la proliferación de musulmanes fundamentalistas en Europa, incluyendo su país, España—, mis palabras no sólo no le hacían mella en lo absoluto, sino que Tere endurecía su corazón y crujía sus dientes contra mí. Mi osadía era mi sentimiento de compasión por la mujer víctima del Islam y mi crítica a una religión que, ante sus ojos, es tan buena o tan mala como el cristianismo. En otras palabras, Tere es un ejemplo perfecto de una de las mayores aberraciones que actualmente padecen los occidentales: el relativismo cultural.

No tiene caso hablar en este blog sobre el Islam. Tengo un blog en inglés en que hasta hace poco me he enfocado casi exclusivamente en el tema. Aquí sólo quisiera pasarle el micrófono a lo que dijo un comentarista en Gates of Vienna, donde suelo intercambiar mis puntos de vista. La siguiente es una traducción mía del posteado de Decatur, un comentarista en el hilo de discusión sobre el artículo “Leftist Lemmings”:

Decatur dijo…

Laine tiene razón acerca de los bloques de concreto que la gente de izquierda tienen de cabezas. Cada vez que intento comunicarme con ellos, simplemente no puedo pasar de cierto punto al tratar de entender precisamente qué es lo que mueve a la gente de izquierda a apoyar a los islamistas. Conozco mujeres que han sido feministas consumadas por más de 40 años, pero que se hacen de la vista gorda sobre el tratamiento a la mujer en el Islam. Cuando hablo de un caso de opresión, ellas replican con un caso de opresión en Estados Unidos. Y hasta ahí podemos llegar. También me topo con obstinación y un silencio nada amigables. Así que no puedo estar más de acuerdo con Laine en clavarles estas verdades con martillo en sus cabezas.

Pero claro está: ni Tere ni las mujeres que menciona Decatur están dispuestas a evaluar los más incisivos hechos (“clavos”) con la menor honestidad. Por ejemplo, Tere es tan absolutamente deshonesta consigo misma que, cuando yo insistía en atornillarle el hecho de la mutilación genital a púberes moras, ella simplemente hablaba de malos tratos a las mujeres canarias (¡como si fuera lo mismo castrarlas y matarlas que lo que sucede en su isla!).

Desesperado, a Tere le regalé una versión impresa de El retorno de Quetzalcóatl (cuya traducción estoy publicando en Gates of Vienna): una demolición del relativismo cultural. ¿Qué hizo Tere?

Reiteradamente me dijo que lo leyó. Yo creo que, o Tere me mintió, o se pasó toda la lectura completamente de noche.

Unos días después de que supuestamente leyó mi libro, Tere me entregaba unas notas periodísticas sobre el relativismo en España. Yo me quedaba admirado en tanto que Tere no me decía media palabra sobre mis argumentos a lo largo de todo mi libro: argumentos que refutaban la postura relativista precisamente.

Mis clavos no entraron en el duro sistema mental de Tere.

Antes de morir, Oriana Fallaci escribió una trilogía sobre la invasión musulmana que ha padecido Europa desde finales del siglo XX e inicios del XXI. Dado que Fallaci había sido una periodista de izquierdas, ansiosamente se solía preguntar: ¿Por qué la gente de izquierda se alía con el Islam?

En esta serie sobre otra mujer, Tere, cuya cabeza de concreto no acaba de sorprenderme, intentaré descifrar el enigma.

Publicado en on at 4:27 am Dejar un comentario