Nota aclaratoria: Véase la primera entrada de esta serie, y aún mejor: el tercer libro de mis Hojas susurrantes.
Una brevísima anécdota sobre mi tío Javier Tort. Habrá sido en los años ochenta cuando, en el trayecto de la Ciudad de México a Tehuacán, Puebla, viajaba con mi tío Javier y primo Fernando Tort en automóvil. El propósito de mi viaje era ver si el tío podía ayudarme ante la marginación económica total a la que el maltrato de mis padres me había orillado.
Cuando, tímidamente, comencé a hablar de lo que mis padres me habían hecho, tío Javier dijo con infinito cariño:
“Yo lo que recuerdo de tu mamá son puras lindezas…”
Hasta allí llegó mi intento de comunicación.
Es obvio que es imposible intentar comunicarse cuando, equivocadamente pero de manera absoluta, los parientes suponen que el trato que X familiar les proporcionó de chicos es idéntico al trato que le proporcionan a sus hijos.




